Fieltro es él término genérico que se usa para designar el material obtenido de la unión de fibras sin el uso de adhesivos, como colas, gomas, resinas y similares.
Ese agrupamiento se obtiene por medio de un proceso conocido como “Efecto Direccional de Fricción” que consiste básicamente en el entrelazado de la fibras, apretándolas y aflojándolas intermitentemente hasta conseguirse la compactación (dureza) deseada. El fieltro es un producto textil realizado con lana pura que puede ser de oveja, llama o vicuña, entre otras, que luego de ser sometida a diferentes procesos de peinado y cardado se apelmaza hasta lograr un material firme.
El apelmazado se logra mojando la lana y frotándola, por ejemplo con las manos. Las posibilidades de apelmazamiento dependen del tipo de lana; no todas son apropiadas, ya que la estructura y el grosor de las fibras determinan la calidad y las posibilidades de uso. La lana Merino, por ejemplo, tiene fibras muy finas, y por su suavidad es la más utilizada para prendas que van en contacto con la piel; en cambio, para productos que requieren de mayor resistencia, es preferible usar lanas más gruesas. Un fieltro o apelmazado natural se puede observar en el abdomen de muchos animales, como resultado del roce contra el suelo.
Un componente importante de la lana pura es la lanolina, sustancia grasa que recubre cada fibra y cuya función primordial es volverla impermeable y aislante,
para proteger a los animales en todo tipo de clima.
Se necesitan tres factores externos para que la lana “fieltre”: humedad, calor y fricción. Esto, en el proceso artesanal, se logra utilizando agua caliente con jabón y presionando, amasando con las manos. Cada fibra de lana posee escamas sólo visibles al microscopio, que al humedecerse y recibir calor se abren y comienzan a moverse entre sí ayudadas por el jabón y la fricción, entrelazándose unas con otras hasta volverse inseparables. De esta manera se forma un material muy resistente, cuyo espesor puede variar según el uso que se le quiera dar.